Crecer y cambiar de etapa educativa

INFANCIA: Crecer y cambiar de etapa educativa

A lo largo de la escolarización los niños y las niñas o los chicos y las chicas deben pasar de etapa en varias ocasiones. Cada cambio de etapa, cada transición, es un modo de tomar conciencia del propio crecimiento y asumir sus consecuencias.

En cada transición, va a ser decisivo para cada niño y cada niña el modo como los adultos que tienen alrededor sepan acompañarlos. De los adultos dependerá en gran  parte que los niños y las niñas lo vivan con normalidad o que les suponga un mal trago de difícil digestión.

La familia es la primera estructura de acogida del niño.

Las estructuras de acogida

El hogar es, o en todo caso debería ser, un nido para cada recién nacido. Un nido singular e irrepetible y la familia que le ha tocado en suerte será su primera estructura de acogida. El antropólogo Lluís Duch dice que la familia sigue siendo, en la sociedad actual, la piedra angular sobre la cual se va a edificar el ser humano. El funcionamiento de la familia, la atención y afecto que se dé al recién nacido van a marcar el desarrollo de sus capacidades afectivas, cognitivas y relacionales, de algún modo van a marcar sus posibilidades de futuro.

La escuela es la segunda estructura de acogida y funciona como un segundo nido, un “nido de sustitución”. Ello hace imprescindible que en la etapa infantil la relación entre la familia y la escuela sea no solo fluida y sino de gran confianza. Los padres y las madres confían lo mejor de sus vidas, sus hijos e hijas, a los profesionales de la escuela. Padres y maestros saben que lo mejor que pueden hacer es mantener un clima de respeto, colaboración y confianza mutuos, saben que todo lo que hagan en este sentido redunda en beneficio de los niños y las niñas.

Nada sustancial cambia en el momento que se empieza la Primaria. Siguen teniendo un hogar, su primer nido, y siguen teniendo una escuela, su segundo nido. En casa y en la escuela se debe velar para que cada niño y cada niña se puedan desarrollar en un ambiente seguro para su salud física y emocional y estimulante para su desarrollo intelectual. El cambio de etapa puede hacernos pensar que todo lo que los adultos hemos ido tejiendo ya podemos desestimarlo. Al contrario, va a ser en cada cambio importante que podremos a examen el valor de lo que hemos estado haciendo en etapas anteriores.

Educación Primaria

En la etapa de Educación Primaria, más que en ninguna otra, nuestros hijos y nuestras hijas van a hablar de “mi escuela”, usando un posesivo que solamente puede indicar sentido de propiedad y que muestra proximidad y familiaridad. Los padres y las madres hablan de “mi hijo/mi hija” del mismo modo que los maestros y las maestras hablamos de “mis niños/mis niñas” o de “mis alumnos”. No se trata de un posesivo al uso sino de poner en evidencia el interés añadido con el que se mira un determinado grupo por el hecho de ser su tutor o su tutora. Es la manifestación de proximidad, familiaridad, responsabilidad y afecto.

De lo que hemos apuntado se deduce fácilmente que, tanto el hogar como la escuela, comparten algunas funciones y finalidades educativas y que la educación no puede ser responsabilidad única ni de la familia y ni de la escuela, es responsabilidad compartida. De modo que conseguir que niños y niñas hagan su transición de una etapa educativa a otra es también responsabilidad de la familia y de la escuela.

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