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Apoyos en los cambios de etapa

¿Cómo podemos, desde la escuela y la familia, ayudar al niño en los cambios de etapa?

Dando seguridad y confianza.

Solamente si nos ven seguros y confiados a los adultos, se van a sentir seguros y confiados ellos y ellas.  El miedo o la inseguridad que podamos sentir debemos resolverlo entre adultos y evitar que nuestro hijo o nuestra hija lo perciba. La confianza en sus posibilidades de adaptación es la clave para que acabe adaptándose.

Escuchándolos.

Los niños y las niñas (también los adultos) quieren ser escuchados. Escuchados de verdad, no mientras atendemos el teléfono o hablamos con otros adultos. Escucharlos significa atenderlos, dar respuesta, sugerir, afirmar o negar. No significa ser condescendiente,  ni darles la razón. Los primeros días son los más importantes para que nos vayan comunicando cosas nuevas, detalles de su nueva vida. Pero, si no hay explicación espontánea, jamás podemos dejar de preguntarles cómo se desarrolla su vida en la escuela, qué le hace feliz o qué le molesta.

No dejarlos solos.

Uno de los grandes problemas de nuestros niños y adolescentes es la soledad. Una soledad que puede desarrollarse entre la multitud o en el seno de la familia. Para ellos el sentimiento de soledad es de desamparo. Pero esto no quiere decir que no deban estar físicamente solos en ningún momento, ni que no puedan jugar solos. Tampoco significa que debamos hacer con ellos (¡o peor: en vez de ellos!) lo que deberían hacer ellos solos. No  dejarlos solos significa interesarse por todo lo que hacen, sea en casa o en la escuela, con un interés verdadero. Significa no menospreciar sus temores, sus deseos, sus emociones. El secreto debería ser que se sientan siempre acogidos, que no teman comunicar nada. No se trata de que una vez conocidos sus miedos y temores intentemos allanarle el camino. Por lo contrario, demos coraje y estrategias para que lo pueda afrontar.

Darles espacio para la autonomía y la responsabilidad.

La sociedad actual confunde fácilmente dar autonomía con que cada uno haga lo que «le dé la gana».  Dar autonomía es dejar que niños y niñas hagan por si solos todo lo que puedan hacer: desde hacerse la cama o prepararse el desayuno, hasta ocuparse de sus deberes escolares, o decidir si desean hacer alguna extra-escolar. Con seis o siete años el niño ya puede colaborar en tareas concretas del hogar y de forma sistemática. Tal vez una forma distinta de organizar las tareas domésticas les dé un cierto protagonismo a ellos u a ellas.  Si la autonomía permite tomar decisiones por si mismos (obviamente tuteladas), la responsabilidad debe mostrar que cumplen sus promesas y compromisos.

Despertando interés e ilusión por el conocimiento.

Sin pretender que sean expertos o sabios de siete años. El cambio más importante que se va a producir entre Infantil y Primaria va ser en el campo de los aprendizajes. En Infantil se han preparado para la lectura y la escritura. Ahora deberán aprender a leer, a escribir y a contar. De hecho son los aprendizajes fundamentales que deberán hacer. Puede que nos sintamos presionados si nuestro hijo o nuestra hija no lee al ritmo de los compañeros y compañeras de clase, puede que le cueste escribir, puede que los aprendizajes de matemáticas le cuesten, etc. Cada niño y cada niña es singular y lo es su ritmo de crecimiento y de aprendizaje. Debemos evitar sentirnos presionados por los ritmos de los demás niños y niñas y si él o ella siente dicho peso, debemos aligerarlo, restándole importancia, apoyándolo, prestándole ayuda. Lo fundamental es evitar un calvario de experiencias negativas.

Aportando serenidad y ritmo lento.

Vivimos en un mundo veloz y efímero y la educación y los aprendizajes requieren cocción lenta para asentarse. Todo lo que hagamos para mantener a nuestros hijos e hijas fuera del vértigo de los cambios permanentes, la sobre estimulación y el ir a tope de actividades va a ser en su beneficio. De hecho hoy en día son muchos los expertos en educación y de corrientes pedagógicas diversas que aconsejan el aburrimiento como base de la creatividad.

Estrechando vínculos con los maestros y las maestras.

No van a ser nuestros amigos o amigas, pero mantener unas relaciones cordiales ayuda mucho, nuestros hijos lo captan de inmediato. La buena armonía es la base de la seguridad para nuestros hijos. Si no congeniamos en maneras de ser o ver el mundo, nos podemos limitar a las relaciones de respeto y cortesía habituales, pero debemos evitar las críticas corrosivas a los maestros y maestras de nuestros hijos y nuestras hijas.

En síntesis

Se trata de mantener el canal de comunicación familia-escuela abierto de manera permanente, para conocer cómo vive los cambios nuestro hijo o nuestra hija. Como en toda la escolarización, es esencial que haya colaboración entre la familia y la escuela y que esta se desarrolle en un clima de confianza mutua que beneficiará a los niños y las niñas. Va a ser esta confianza la que nos permitirá a los padres y madres contrastar con maestros y maestras en qué situación se encuentra nuestro hijo o nuestra hija valorar cómo va su adaptación y encaje en la nueva etapa educativa y, si se diera la situación, valorar la necesidad de algún tipo de apoyo.

Crecer y cambiar de etapa educativa

INFANCIA: Crecer y cambiar de etapa educativa

A lo largo de la escolarización los niños y las niñas o los chicos y las chicas deben pasar de etapa en varias ocasiones. Cada cambio de etapa, cada transición, es un modo de tomar conciencia del propio crecimiento y asumir sus consecuencias.

En cada transición, va a ser decisivo para cada niño y cada niña el modo como los adultos que tienen alrededor sepan acompañarlos. De los adultos dependerá en gran  parte que los niños y las niñas lo vivan con normalidad o que les suponga un mal trago de difícil digestión.

La familia es la primera estructura de acogida del niño.

Las estructuras de acogida

El hogar es, o en todo caso debería ser, un nido para cada recién nacido. Un nido singular e irrepetible y la familia que le ha tocado en suerte será su primera estructura de acogida. El antropólogo Lluís Duch dice que la familia sigue siendo, en la sociedad actual, la piedra angular sobre la cual se va a edificar el ser humano. El funcionamiento de la familia, la atención y afecto que se dé al recién nacido van a marcar el desarrollo de sus capacidades afectivas, cognitivas y relacionales, de algún modo van a marcar sus posibilidades de futuro.

La escuela es la segunda estructura de acogida y funciona como un segundo nido, un “nido de sustitución”. Ello hace imprescindible que en la etapa infantil la relación entre la familia y la escuela sea no solo fluida y sino de gran confianza. Los padres y las madres confían lo mejor de sus vidas, sus hijos e hijas, a los profesionales de la escuela. Padres y maestros saben que lo mejor que pueden hacer es mantener un clima de respeto, colaboración y confianza mutuos, saben que todo lo que hagan en este sentido redunda en beneficio de los niños y las niñas.

Nada sustancial cambia en el momento que se empieza la Primaria. Siguen teniendo un hogar, su primer nido, y siguen teniendo una escuela, su segundo nido. En casa y en la escuela se debe velar para que cada niño y cada niña se puedan desarrollar en un ambiente seguro para su salud física y emocional y estimulante para su desarrollo intelectual. El cambio de etapa puede hacernos pensar que todo lo que los adultos hemos ido tejiendo ya podemos desestimarlo. Al contrario, va a ser en cada cambio importante que podremos a examen el valor de lo que hemos estado haciendo en etapas anteriores.

Educación Primaria

En la etapa de Educación Primaria, más que en ninguna otra, nuestros hijos y nuestras hijas van a hablar de “mi escuela”, usando un posesivo que solamente puede indicar sentido de propiedad y que muestra proximidad y familiaridad. Los padres y las madres hablan de “mi hijo/mi hija” del mismo modo que los maestros y las maestras hablamos de “mis niños/mis niñas” o de “mis alumnos”. No se trata de un posesivo al uso sino de poner en evidencia el interés añadido con el que se mira un determinado grupo por el hecho de ser su tutor o su tutora. Es la manifestación de proximidad, familiaridad, responsabilidad y afecto.

De lo que hemos apuntado se deduce fácilmente que, tanto el hogar como la escuela, comparten algunas funciones y finalidades educativas y que la educación no puede ser responsabilidad única ni de la familia y ni de la escuela, es responsabilidad compartida. De modo que conseguir que niños y niñas hagan su transición de una etapa educativa a otra es también responsabilidad de la familia y de la escuela.

Primer día de Colonias

….y por fin llegó el día después de meses de haber tomado la decisión: ¡Lucas iba a ir de Colonias por primera vez! y por primera vez a dormir fuera de casa, a estar sin sus padres, sin tener un momento para él, sólo para él…en fin no podíamos tener más miedo pero decidimos que eso no iba a ser un impedimento tampoco y queríamos que nuestro hijo viviera también esta experiencia que muchos de sus compañeros de clase ya habían tenido…y que él no.

Esta decisión, aunque pudiera parecer simple en esencia, representaba mucho más: encerraba el hecho de que sus compañeros lo pudieran realmente ver como uno de ellos, no como el niño «especial»,  el que Lucas diera un pequeño pasito hacía su vida como persona auto-suficiente y no dependiente,  el que pudiera llenar su existencia con pequeñas y variadas experiencias, en definitiva: que pudiera VIVIR, no sobrevivir…

Así que le enseñamos a Lucas los Pictogramas que la escuela nos preparó (lo que iba a ocurrir en imágenes) porque él es muy visual igual que otros niños con este Trastorno, no obstante no pareció entenderlo, pero por nuestra experiencia eso no significaba que realmente no lo hubiera hecho, y para nuestra grata sorpresa, según sus tutoras y sus compañeros, él se lo pasó «en grande» y en palabras textuales: «Lucas no lloró» es decir que no tuvo ninguna crisis…¡¡toda una victoria !!

Moraleja:  No tenemos que subestimar a nuestro hijo, ya que con la anticipación y con la preparación oportunas él era capaz de asumir cambios en sus rutinas y no sólo eso, sino de disfrutar de las actividades propuestas.

Los inicios de los niñ@s con TEA en la escuela ordinaria

Yo soy Paula y me dedico a la enseñanza; ¡a la más bonita de todas!, la educación especial. Además soy una apasionada de mi trabajo, por lo que en este espacio escribiré sobre diferentes temas relacionados con la educación que os pueden interesar como lectores de Special-toys.

En esta primera ocasión, quiero hablaros de los primeros pasos de l@s pequeñ@s con TEA (Trastorno del Espectro Autista) en la escuela ordinaria, con motivo de la próxima conmemoración del día mundial del autismo (2 de abril).

Como much@s sabréis, los niñ@s con TEA responden a muy diversa tipología y sus dificultades también tendrán diferente gravedad, lo que hace que existan varias posibilidades de escolarización. La opción más inclusiva y deseable tanto para las familias como para l@s maestros, será la escuela ordinaria, donde encontramos niñ@s sin discapacidad (mayoritariamente); y será el ambiente que más va a beneficiar al desarrollo social de est@s pequeñ@s, pues tal como expuso Bandura (1977) en su teoría del aprendizaje social; “las personas pueden aprender cosas nuevas y desarrollar nuevas conductas mediante la observación de otros individuos”. En este caso, los niños de la escuela ordinaria, serán buenos modelos para que los niñ@s con TEA aprendan a imitar sus conductas por verlos como semejantes.

Dicho esto, cuando llega por primera vez a la escuela un niñ@ con TEA, hay una serie de aspectos que deben tenerse en cuenta y que yo he agrupado en 7 estrategias que considero muy útiles para tod@s los que trabajamos con estos alumn@s. La llegada al colegio generalmente será a los 3 años, a la etapa de educación infantil, pero estos puntos se podrán también seguir si el niñ@ comienza en primaria o cuando se produzcan cambios de etapa, de profesores, etc., dependiendo de sus necesidades y capacidades.

  1. La colaboración escuela-familia

Desde el inicio se debe establecer una relación estrecha con la familia para asentar pautas comunes de trabajo por el bien del pequeñ@. Los temas prioritarios que se deben conocer al inicio son:

  • Conocer sus intereses previos (por ejemplo, si tiene un objeto que le motive a mirar) pues esta será una primera herramienta para atraer una respuesta del alumn@.
  • Qué cosas que le calman (por ejemplo la música o tocar algo) ya que en las primeras semanas posiblemente necesitemos recurrir a ello en momentos de llanto o rabieta. Al mismo tiempo, tener estos recursos en clase ayudan al niñ@ a familiarizarse más rápido con el nuevo entorno.
  • Su grado de autonomía en tareas como beber, comer, control de esfínteres… y que nos traigan objetos que puedan facilitar su adquisición. (Por ejemplo; su biberón o vaso de casa para beber, ya que así asocian la tarea “beber” a un objeto de confianza, que ya saben usar).
  1. La preparación del aula

En las aulas de educación infantil el espacio suele estar dividido por rincones de una forma muy parecida a como se hace en las aulas de educación especial que cuentan con niñ@s con TEA; siguiendo la metodología TEACCH (cuyas siglas significan en castellano «Tratamiento y Educación de Niños con Autismo y Problemas Asociados de Comunicación»). Podría empezarse delimitando por colores cada rincón, y colocando fotos grandes así como el pictograma del mismo debajo, para ir estableciendo la correspondencia y facilitar la comprensión del alumn@. Por supuesto,  también se tendrá en cuenta eliminar objetos susceptibles de ser peligrosos (puede tirar objetos al suelo a su paso, o que se lleve aún las cosas a la boca, etc.)

Además puede disponerse una zona separada de la mayoría de niñ@s para que el alumn@ con TEA pueda relajarse en momentos puntuales (o calmar rabietas) e incluso tener cerca de su mesa de trabajo un mueble propio con sus materiales, ya que esto le hará interesarse por ellos y le dará una mayor confianza y autonomía. El objetivo principal es que el niñ@ se sienta bien en ese espacio, ya que, si no hay emociones de bienestar será imposible comenzar cualquier trabajo.

3. La ampliación de la confianza

Los primeros días de colegio, la mayoría de l@s niñ@s pequeñ@s lloran. Aquellos que además tienen TEA, pueden mostrar grandes rabietas, con llanto prolongado y a veces autolesión o lesión a otros, debido a que su incomprensión de la situación, unido a que pueden no tener lenguaje; les impide decir “quiero irme de aquí”. Para ganar la confianza de est@s pequeños normalmente se necesita tiempo, pero sobre todo:

  • Respetar sus límites y entrenar su afectividad: El contacto físico debe ser progresivo y para ello habrá que observar al niñ@ para detectar cuando está preparad@ para aceptarlo. (Por ejemplo, conseguir primero que el niñ@ acepte nuestra presencia a su lado antes de cogerle la mano, que después acepte una caricia en la mejilla, etc.) Por ello es importante que el tutor/a sea una persona sensible, cariñosa y paciente. Sólo así, se genera un vínculo afectivo que hará que los niñ@s confíen y se abran a socializarse.
  • Ayudar siempre que lo necesiten mediante guía física aunque esto sea conflictivo al principio (por el rechazo al contacto físico), es decir; podemos moldear sus movimientos si ell@s no saben hacerlos o todavía no entienden nuestras peticiones (orales o mediante imágenes). Por ejemplo, coger su mano para ayudarle a abrir y cerrar los dedos alrededor de un objeto, mover su barbilla para situar su cara frente a la nuestra, extender su dedo para que señale, etc.
Fuente: Pinterest
  • Acercarle progresivamente a espacios nuevos: comenzar la jornada con la persona de referencia (el tutor/a) y en un lugar concreto, para, poco a poco ir ampliando de manera anticipada, y siempre por la misma persona (la de referencia). Se debe empezar con tiempos cortos, dejando que permanezca con la persona si siente miedo o rechazo, hasta que poco a poco se decida a explorar. Nunca llevarle a la fuerza a los sitios ni con personas que aún no conozca y acepte.

4. Iniciando el trabajo

Puede que al llegar al colegio, est@s niñ@s no tengan unos intereses claros en ninguna rutina u objeto de la escuela, lo que se hace difícil iniciar el trabajo. Podemos comenzar por:

  • Ofrecerle tareas diferentes para generar intereses y autonomía: a través de algunas actividades sencillas (como construir una torre de dos piezas) que él/ella mism@ pueda elegir y manipular. Así aprenderá que por sí sol@ puede conseguir cosas, siendo esto muy positivo para su autoestima y autonomía. Hay que cambiar estas tareas de vez en cuando para que no se “obsesione” siempre con los mismos objetos/juguetes… que es algo que les puede pasar cuando encuentran un interés.
Fuente: http://www.montessoriamericano.edu.mx/in
  • Realizar actividades placenteras vs actividades que le desagradan: una vez que descubramos qué le interesa, es bueno que alternemos tareas que le gustan con otras más desagradables. Por ejemplo; si le gustan los colores vivos, pero no las texturas; hacemos que toque algunas superficies (cogiéndole la mano) y luego dejamos que mire unas imágenes grandes de colores. Hay que detectar qué emociona y entusiasma al niñ@ para usarlo como reforzador (el premio después de hacer algo deseado), o como inicio del trabajo para captar su atención.
  • Estimular los sentidos para detectar si tiene alteraciones en su sensibilidad (por exceso o por defecto), que podrían influir en futuros aprendizajes. Casi tod@s los niñ@s con TEA tienen alteraciones sensoriales. Por ejemplo, si rechaza sonidos fuertes, sabremos que las actividades musicales en gran grupo no le van a gustar (como por ejemplo, la Asamblea por la mañana) y por ello, no hay que forzarle, pues puede generarle ansiedad y más rechazo. Es mejor un acercamiento libre y progresivo que realice el propio niñ@.

5. La comunicación efectiva

  • Crear un libro sobre su vida: sirve para que el niñ@ comience a conocerse a sí mism@ a través de sus rutinas. En él aparecerán imágenes suyas realizando actividades de su día a día (acompañadas de pictogramas), que se puede “leer” con él/ella cada mañana y al repetirse cada día, facilitamos la atención, que fije la mirada porque le interesa lo que ve (¡es su vida!), que desarrolle la motricidad fina al pasar las páginas, etc.
  • Iniciar una agenda de fotos/pictogramas: dependiendo del nivel de comprensión del niñ@, se debe iniciar un sistema de anticipación de rutinas muy básicas en la escuela. El orden lógico es: objeto real, después foto y luego pictograma. Así, haremos que el niñ@ se dirija a este panel cada vez que se cambie de actividad y le enseñaremos a señalar lo que toca, ver qué viene después, con quién… Esto se puede trasladar a la casa, realizando una agenda de rutinas (por la tarde) que a la mañana siguiente también puede verse en el colegio con la persona de referencia y comentar cosas como ¡vaya, ayer fuiste con papá en autobús! (mientras hacemos que mire la foto/pictograma y lo señalamos). Otra actividad compartida es el cuaderno viajero en el que maestr@s y padres apuntan los aspectos más señalados de cada día (enfocado a los logros que el niñ@ vaya consiguiendo), así como palabras/gestos que empieza a emitir, con el fin de que haya una coordinación en los modos de actuar con el pequeñ@.

Fuente: http://autismocadiz.blogspot.com

6. La comprensión de situaciones

Lo principal será elegir de qué manera vamos a enseñar al niñ@ a comunicarse. Los pequeñ@s con TEA no suelen tener lenguaje oral en sus inicios en la escuela, por lo que se utilizará un SAAC (Sistema Alternativo o Aumentativo de Comunicación) o agenda personal de fotos/pictogramas. Como se ha expuesto ya, su elección dependerá del nivel de comprensión y de expresión. Como son “pensadores visuales” es muy probable que haya una rápida transición entre objeto real-foto-pictograma, tanto para elegir qué quiere hacer (por ejemplo con un panel de petición) como para anticipar las rutinas de la agenda. Además, nos serviremos siempre del apoyo gestual así como de claves auditivas, ya que cuantos más canales se utilicen para un mismo objetivo, más posibilidades hay de que llegue el mensaje. Así por ejemplo, para indicar que es la hora de desayunar se puede utilizar una canción concreta y un gesto, que realizaremos mientras señalamos la foto (o pictograma) del momento de “desayunar”. Con el tiempo, se irán retirando ayudas a medida que el niñ@ comprenda.

7. La colaboración con otros profesionales.

Los alumn@s con TEA suelen asistir a varios especialistas como logopedas, terapeutas, etc. Siempre que sea posible, es conveniente tener una coordinación con ellos para trabajar en la misma dirección. Por ejemplo, si se decide usar un SAAC, que todas las personas utilicen el mismo para no contrariar al niñ@; si se establecen claves visuales y auditivas de anticipación, que también sean las mismas, etc. Igualmente, estos profesionales aportan cada un@ su visión del alumn@ y le conocen en ámbitos diferentes, lo cual siempre es positivo para hacerse una idea completa de cómo es. Esta colaboración por supuesto, debe ser autorizada por la familia, ya que compartir información confidencial sobre un alumn@ con otras personas es algo que no debe tomarse a la ligera.

Como conclusión, hemos visto que la preparación ante los inicios de un alumn@ con TEA es una labor que exige planificación, mucha anticipación, conocer al alumn@ y estar dispuest@ a coordinarse con diferentes personas. Además de estar al tanto de todos estos aspectos mencionados, es conveniente tener un carácter cariñoso y ser muy constante, ya que seremos un ejemplo para est@s niñ@s que van a aprender mayoritariamente por imitación en sus inicios. Así que, si te encuentras en esta situación, seas familiar o un profesional de la educación, espero haberte ayudado o al menos inspirado a tener en cuenta todo aquello que facilite la verdadera integración de est@s niñ@s en las escuelas ordinarias.

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